24 jul 2026

Alumno del doctor Bacterio

Llegaron fechas de calores extremos que obligó al gobierno a declarar alerta roja. Las gentes se encerraron en sus casas abrazados a botellas de agua y esperaron pacientemente a que volvieran los termómetros a recuperar el sentido común. Honorato puso en práctica la técnica alemana que había leído en prensa. Congeló 3 litros de agua en un botellón, antes añadió 4 cucharadas de sal para reducir el punto de congelación, lo colocó en la parte superior de un armario, encima de un plato y esperó a que fuera enfriando el aire del entorno y creara una corriente descendente que llevara el frio a sus pies. Añadió al invento un ventilador y así fue el hombre más feliz de su escalera. Durante un tiempo Honorato presumió entre el vecindario de sus mañas. El plato era para defenderme de la condensación y lo del armario para establecer corrientes de convección, porque, ¿sabes?, el aire frío baja hasta lo pies y el caliente sube al techo. Además, la sal, añadía, hace que el agua se hiele a –18 º C por aquello del descenso crioscópico y el enfriamiento dura más. Este hombre es un científico, comentaba la anciana del 1ºC. Si ya venía listo de pequeño, aseguraba la Sra. Teodosia. Es como el Elon Musk ese, decía su marido. Cualquier día sale en un cohete por la ventana. ¡Jesús!, exclamaban las mujeres a coro.
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