15 may 2026

Seguro que así pudo ocurrir

Cuando llegaron a la desembocadura de un gran río, el capitán mandó girar el timón a estribor y enderezar el rumbo hacia el continente. Necesitaban agua y víveres. Cuidó que el barco no quedara embarrancado en los bajíos ni que chocara con troncos flotantes o rocas escondidas. Avanzó un par de leguas hasta que el agua perdió el sabor marino. Y se aprovisionaron allí mismo del líquido elemento. Cerca se elevaba una columna de humo. Mandó botar dos barcas de remos con hombres bien armados y les ordenó hacerse con fruta, carne, granos... Antes de zarpar todos rezaron dirigidos por un fraile escuálido que mostraba mucha fe y convencimiento de poder llevarse algo a la boca. Y rezaron un buen rato. Las dos barcas se alejaron cautelosas. El capitán estaba tranquilo. Si tenían éxito, la expedición estaba salvada. Si fracasaban, podía echarle la culpa al fraile por la inutilidad de sus rezos o a dios mismo por no ayudarles. A lo lejos durante un rato largo se oyeron gritos, disparos, gente corriendo por la orilla. Y al poco dos puntos negros y diminutos empezaron a distinguirse en la lejanía. El capitán ordenó el rezo del Te Deum.
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