29 abr 2026

Peligros de pasear por el parque

La gota de agua dio de lleno en su cabeza. Entonces supo que comenzaba a llover. Pero alzó la vista y vio un cielo limpio y azul. Cambió de hipótesis, debía ser alguien regando macetas. Alzó la vista y no vio ningún balcón florido. Entonces supuso que era una paloma que le había dejado su “recado”. Pasó la mano sobre su calva y no encontró más que un grano que le recordó su adolescencia. Se quiso olvidar de todo, pero ni pudo. Allí había un niño travieso con una pistola de agua que a duras penas aguantaba la risa. Lo miró severo, pero, por esos rescoldos de la infancia que nos quedan a los “viejos”, cambió de opinión. Se acercó al chaval, le robó la pistola y lo fusiló ante una madre que se quedó atónita. Las risas de ambos evitaron el conflicto y el grito de la madre aclaró la situación: ¡Juan, no cambiarás nunca! ¡“Mecagüen” tu padre y tu madre juntos! ¡Jo, jo, jo! Tonta, que son tus abuelos...
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