18 feb 2026

La importancia de un fracaso

Los amigos hablábamos en la taberna de los problemas mentales de los deportistas de élite. No hace falta ir tan lejos para comprenderlo, intervino Manu. Os cuento lo que me pasó a mí con 15 años y lo entenderéis enseguida. Habla, habla, le pedimos. Estábamos jugando el campeonato escolar de pala corta en el frontón de los jesuitas, ¿os acordáis? Sí, le dijimos. Era la semifinal del campeonato provincial y yo prometía. Nunca había jugado con tanto público. Recuerdo que en los primeros tantos lo hice bien y tenía controlado a mi contrincante que, en un resto en semifallo, me dejó la pelota cerca del frontis y yo solo tenía que dar un pelotazo largo al que él no podía llegar. Preparé el brazo, cerré los ojos dispuesto a arrear un palazo memorable y oí a un espectador que estaba a pocos metros decir un “a que no le da”. Joder, acertó de pleno, porque golpeé al aire y perdí un tanto hecho. Aquello me desmoralizó y ya no di una a derechas. ¿Veis? Aquella frase cruel hundió a un adolescente inseguro que perdió toda la confianza en sí mismo, tanto que salió convencido de que nunca llegaría lejos en nada. Bueno, bueno, me consolaban los amigos, que no te ha ido tan mal en la vida. Pues no sabéis la de veces que me acuerdo de aquello en los momentos de crisis, aquello me dejó tocado. Bueno, bueno, no nos des pena, me seguían consolando. Tú lo que quieres que te invitemos al trago. Sonreí. Y para mis adentros me dije bien claro que, si no fuera por los amigos, nunca me habría repuesto, en serio.
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