16 feb 2026

Cuando empieza la vulnerabilidad

Me cuenta doña Mercedes que su amiga se ha quedado sola, que enviudó en otoño. Que le está costando hacerse a la nueva vida, que se desorienta, que, vamos, que necesita compañía. Pero, le digo yo, ¿no es una mujer con autonomía suficiente para desenvolverse en casa y en la calle? Sí, eso pensábamos, pero mira lo que pasó ayer. Era la mañana de Navidad y yo salí pronto a pasear al perro. Me la encontré en la calle. Que voy a la carnicería, me dijo. Pero, por todos los santos, le repliqué, si todo está cerrado, que hoy es Navidad. Ah, ¿sí? ¿No me digas, le pregunté, que esta noche la has pasado como si fuera un día normal? Pues claro, en casa tranquila, viendo la televisión... No insistí, pero me percaté de la cruda realidad: Soledad y desorientación son sus acompañantes. Y qué es lo que puedes hacer, le pregunté yo. Pues tomar un café todas las tardes con ella y las demás amigas. Espero que no nos contagie, añadió. Sonreí, acaricié al perro y le di dos besos a mi amiga de siempre.
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