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Es cierto que detrás de cada ser humano se esconde una historia, pero no es menos cierto que a cada persona le acompañan otras muchas más historias, tantas cuantas dinosaurios encuentra en cada despertar...
28 ene 2026
Y Lavoisier murió en la guillotina
Da para un rato leer todos los conocimientos científicos que se asientan en las investigaciones de Antoine-Laurent de Lavoisier. Por algo es considerado merecidamente el padre de la química moderna. Pero hay un algo que chirría en la biografía de este científico ejemplar. Y es nada manos que su enemistad con Jean Paul Marat, un líder de lo más radical de la Revolución Francesa. Este hombre, que antes de dedicarse a la política en cuerpo y alma había sido un médico e investigador de prestigio, parece que había presentado en su momento en la Academia de Ciencias de Francia un trabajo un tanto flojo sobre el fuego, y quedó muy molesto con Antoine Lavoisier por su oposición a tomarlo en cuenta. El padre de la química moderna, además de gran científico, era fermier, una concesión del estado para su familia que consistía en recaudar contribuciones para el estado y, de paso, enriquecerse. Esto le bastó a Paul Marat para enjuiciarlo, expulsarlo de la Asamblea, despojarle de sus cargos y posesiones y hacerlo acabar en el patíbulo, un día 8 de mayo de 1794, cuando contaba con 49 años. A pesar de que sus amigos le defendieron no valió de nada. El presidente del tribunal, un tal Coffinhals, dejó claro que la República no precisa ni científicos ni químicos: no se puede detener la acción de la justicia. Y así fue. Su amigo, el matemático Lagrange, dejó una frase para la posteridad: Ha bastado un instante para cortarle la cabeza, pero quizá ni en un siglo aparecerá otra que se le pueda comparar. Y cosas de la vida en aquellos tiempos tan convulsos. Al año de su muerte, la nueva Asamblea Nacional exoneró de toda culpa a Antoine Lavoisier en una carta que enviaron a su viuda confesando que el difunto fue falsamente condenado. Coffinhals y Marat, lo comento así como de paso, también hicieron uso de la guillotina y dejaron rodar sus cabezas como mandaba la Revolución. A veces, confieso, da asco leer la historia.
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