16 ene 2026

El fair play que pocas veces se cuenta

Hubo una vez una Olimpiada en la que dos rivales se ayudaron más de lo esperado. El que tenía todas las posibilidades de ganar medalla de oro, según iba la prueba, se acercó a su contrincante, que ya había hecho dos saltos nulos en longitud, y le aconsejó. Arranca a correr 20 cm. más atrás, yo te pondré un pañuelo blanco en el suelo donde tienes que batir. De esa manera superó la eliminatoria el uno e hizo un amigo el otro. Llegó la final y ambos compitieron como grandes favoritos, el uno saltó 8’06 m. y el otro se quedó en 7’87 m. Oro y plata. Sus nombres eran Jesse Owens y Lutz Long. Y lo hicieron en Berlín, en 1936, delante de los morros de Adolf Hitler. El uno quedó como un triunfador, el otro, para muchos, fue un traidor. Pero eso sí, ambos fueron amigos para siempre. Long fue movilizado en la 2ª Guerra Mundial en la Wehrmacht y murió en la invasión aliada de Sicilia el 14 de julio de 1943. En la última carta que se cruzaron entre sí, Long le pedía a Owens que explicara a su hijo cómo era los tiempos “cuando no estábamos separados por la guerra, cómo las cosas pueden ser entre los hombres en esta tierra". Y Owens, amigo fiel, acabó siendo el padrino de Kai Long-hijo en su boda. El afroamericano nos dejó una frase redonda: "Se podrían fundir todas las medallas y copas que gané, y no valdrían nada frente a la amistad de 24 quilates que hice con Lutz Long". Otro fair play que no se cuenta.
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