17 nov 2025

Diálogos inocentes

La maestra presentó a sus pequeños estudiantes una foto y les pidió que dieran su opinión. Dijeron de todo, aunque, como siempre, la opinión de Nora Noa la dejó sin dormir aquella noche. Es una frase muy bonita, empezó la niña. No es frase, es una sola palabra, un verbo exactamente, corrigió. Es que la pared, insistió, es pequeña y el pintor pone la primera palabra para que cada uno se invente la frase entera. Y tú ¿qué pondrías? Pues, por ejemplo, soñar, vaciló un instante, “soñar es cosa de niños, los mayores se duermen y no hacen nada”. Bueno, eso no es cierto, yo sueño, decía la maestra. Sí, pero de niña ¿en qué soñabas? En ser feliz, por ejemplo. ¿Y lo has conseguido? Bueno, a veces sí, a veces no. ¿Ves? Te has dormido, argumentaba la niña. La docente pasó al ataque. Oye y tú ¿en qué sueñas? En aprender, tener amigas, jugar, reírme mucho... Y ¿lo has conseguido? Sí, porque no me he dormido y no me he cruzado de brazos, como los mayores, afirmó la niña con los brazos en jarras muy segura de sí misma. La maestra suspiró. Y ¿qué sueñas que vas a ser de mayor? Tengo dudas. Quiero ser dos cosas a la vez, bombera y alcaldesa. Mi madre dice que esas dos cosas no pueden ser a la vez, pero yo sí lo voy a hacer. Vale, vale. Cuando de viejita se me queme la casa espero verte. Eso nunca, tienes que soñar con cosas mejores. ¿Ves como no sueñas?
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