1 feb 2017

Justicia de internado

 
Javichín estaba harto de ver al gato panzudo durmiendo encima del saco de las alubias por las mañanas y en el del azúcar por las tardes. Algún día protestó ante el cocinero del internado por tamaña falta de higiene y no tuvo éxito. Es muy limpio, no mancha nada y, además espanta los ratones, le dijo. Esto no le bastó y cada vez que le tocaba hacer de ayudante de cocina atizaba algún que otro palo disimulado al minino.Pero encontró el remedio definitivo el día que le mandaron a descargar el camión que traía provisiones de vino peleón y gaseosa La Pitusa. Fue fácil. Cargó las últimas cajas vacías y cuando el camión arrancó, agarró al infeliz gato y lo colocó entre las botellas. Y no se supo más. El cocinero, pronto lo echó de menos y cuentan los que le oyeron que le asomaban las lágrimas al comentarlo. Javichín no tuvo ni un remordimiento. Así era la dura vida del internado. O tú o yo, eran otros tiempos.

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