Javichín
estaba harto de ver al gato panzudo durmiendo encima del saco de las
alubias por las mañanas y en el del azúcar por las tardes. Algún
día protestó ante el cocinero del internado por tamaña falta de
higiene y no tuvo éxito. Es muy limpio, no mancha nada y, además
espanta los ratones, le dijo. Esto no le bastó y cada vez que le
tocaba hacer de ayudante de cocina atizaba algún que otro palo
disimulado al minino.Pero encontró el remedio definitivo el día
que le mandaron a descargar el camión que traía provisiones de vino
peleón y gaseosa La Pitusa. Fue fácil. Cargó las últimas cajas
vacías y cuando el camión arrancó, agarró al infeliz gato y lo
colocó entre las botellas. Y no se supo más. El cocinero,
pronto lo echó de menos y cuentan los que le oyeron que le asomaban
las lágrimas al comentarlo. Javichín no tuvo ni un remordimiento.
Así era la dura vida del internado. O tú o yo, eran otros tiempos.
____ o ____
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