9 sept 2026

El eclipse

Y llegó el 12 de agosto de 2026 de la era cristiana. Parece que una estrella llamada Sol se estaba aburriendo de tanta monotonía gravitacional y de estar en mitad de la galaxia dando luz y calor al planeta Tierra, tanto que pensó en una broma. Voy a dejar que Luna se me ponga delante y les voy a confundir con una mininoche de poco más de un minuto a ver qué pasa. El satélite lunar colaboró y por un momento deleitaron a los humanos llenos de espíritu científico y abrumaron a los supersticiosos. También provocó que las aves se pusieran el pijama antes de tiempo y que se montara una orquesta de grillos con una sinfonía brevísima. Los árboles liberaron oxígeno a trompicones y los topos obviamente siguieron a lo suyo. Cuando todo pasó, el sol se rio un buen rato. Qué de gente rara he visto con gafitas ridículas por ahí abajo. Pues a algunos le has dejado cegatos, comentaba incrédula Luna. Mira que hay estúpidos. ¿Y tú qué?, preguntaba el astro rey. Bien, me has dejado calentita lo que nadie ve, confesaba Luna. Pillina, le respondía, Sol. Qué bien nos enrollamos tú y yo, ¿eh? Otra vez no, que me has dejado la popa al rojo vivo. No era mi intención, perdona. Bueno, nos acoplaremos más veces, tranquilo. Habrá que preguntar a los astrónomos de ahí abajo cuándo nos toca. Lo haré yo, que estoy más cerca. ¿Sabes? Hay cohetes de un tal Elon Musk que me rondan a menudo, ellos lo sabrán. Eso. Y se desperdigaron felices y con orden por lo profundo de la galaxia con un beso sideral que no tuvo más trascendencia que unas cuantas tormentas de truenos interminables de los que no se percataron los terráqueos curiosones.
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