3 jul 2026

Tiempos de pan y circo

Llegaron los partidos del mundial de fútbol y mucha gente se atiborró de información. Era sorprendente el nivel de las conversaciones que se oían en la calle, había gente que parecía una enciclopedia. El abuelo Simón no soportaba el éxtasis de muchos aficionados. Machuca, decía, odio la industria del fútbol, es un invento desbocado que ocupa la cabeza y gasta las energías de la gente produciendo pingües ganancias a unos cuantos. Te veo cabreado, Simón. Estoy harto de ver cómo inunda las televisiones y la prensa, cómo la FIFA saca dinero a espuertas, cómo muchos países aprovechan la ocasión para lavar su imagen en estos eventos, cómo pasan a un segundo plano problemas muy serios que tenemos en el mundo... Es un analgésico social. Vale, vale, Simón. Estamos en el momento del “pan y circo” que utilizaban los romanos para calmar el descontento de la ciudanía, le consolaba Machuca. Se hizo el silencio. En el camino encontraron una lata vacía de una bebida energética de moda, con las caras de famosos futboleros. El abuelo Simón la sacó de la carretera con un taconazo digno de Messi. Su amigo sonrió. ¿Pero a ti no te gusta el fútbol? Mucho. Mira, tú tienes un nieto en juveniles con una zurda prodigiosa, toca el balón con mimo, qué gol de cuchara metió el otro día. Pues anda detrás de él un primera. No le dejes, primero que disfrute, que para eso es el fútbol. Ya veremos. Otro esclavo más, murmuró entre dientes el abuelo Simón.
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