29 jun 2026

Encima era camarero en el bar de enfrente

El éxito editorial llegó a la vida de aquel hombre discreto que tardó tantos años en publicar su primera novela. Y se extendió en las redes, porque un amigo se la convirtió en podcast, otro en ebook y de postre en un libro de 5 x 8 pulgadas, en tapa blanda y papel crema. No le dio dinero, pero fama sí, porque pronto se hicieron eco los medios de aquellas historias tan bien contadas y divertidas. Hablaba con desapego de la vida, en un tono irónico y sugestivo que hizo que el boca a boca atrajera a otros muchos aficionados a la lectura. Pero llegó el momento más temido para aquel hombre discreto, su primera entrevista radiofónica. Pidió encarecidamente que no revelaran su nombre, que en la conversación usaran su alias y que no pidieran detalles sobre su vida. Pero tuvo, dicen, un desliz imperdonable. En un momento dado citó a modo de anécdota, que muchos de sus personajes se inspiraban en los clientes de la taberna Adelaida, donde él paraba a menudo. Las mentes morbosas pidieron a la IA que localizara el lugar y con dos detalles más sacados de la entrevista, pronto quedó casi, repito, casi desvelada la identidad del escritor. Y se montó un escándalo, porque muchos protestaron por invadir la vida privada de un hombre que había pedido lo contrario. Otros echaban le culpaban por su involuntaria indiscreción. Otros a la IA. Y así transcurrió el tiempo sin que se pudiera asegurar a ciencia cierta quién era el famoso autor. Este, mientras tanto en la acera de enfrente, se moría de risa  viendo el discurrir de la historia y escuchando la versión de sus parroquianos en la que, de verdad, era su taberna preferida, el Café “Averlasvenir”, así escrito, todo junto. ¡Hala!
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