20 may 2026

Ironías ignoradas

Recuerdo el primer libro que dejó escrito Juan Badaya, editado en una fotocopiadora, montado, grapado y guillotinado en la imprenta de debajo de su casa. Era modesto, sí, pero ya dejaba entrever el nervio narrativo del citado. El asunto es que, para parecerse a un libro, hubo que improvisar una portada e inventar un remedo de registro en el que se hablaba de los derechos de autor, fecha de publicación y si era primera edición o no. El autor puso su ingenio en funcionamiento y dejó escrito lo siguiente: “Todos los derechos de reproducción del autor están reservados, los del libro se comparten citando la procedencia”. Así de fresco era Juan Badaya. Pero lo que de verdad dejó herido al autor, fue que nadie captó la ironía, a tenor de los comentarios que recibió después. Y todavía le duele.
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