24 abr 2026

Ni un remordimiento

El ejército enemigo entró en la aldea a sangre y fuego. Estaban hambrientos, desde retaguardia no llegaban víveres, ni relevos. Sabiéndose necesitados e impunes, arrasaron con todo y dejaron vacías las despensas y las bodegas, también abusaron de las mujeres y rapiñaron lo que pudieron. El botín será parte de la soldada, les había explicado un mando. El soldado Paul también lo hizo. Una vez acabada la contienda el exsoldado fue un ciudadano ejemplar que defendió la decencia y las buenas costumbres. Pero jamás se arrepintió de haber sido un vándalo, un asesino, un terrorista, un ladrón, un violador. En la guerra hacer el mal es una obligación, se justificaba.
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