27 feb 2026

Macabro final y vida próspera

El sargento Deria fue granadero de la Guardia del ejército imperial de Napoleón. Cuando vio en Waterloo que la derrota era inminente emprendió la huida hacia el río Loira por su cuenta y, no sin penurias, alcanzó a cruzar la frontera. Exhausto se refugió en su país, donde sufrió el desprecio de sus coetáneos por desertor y llevó una vida cercana a la indigencia convertido en vagabundo durante una buena temporada. Por azares de la vida y su vivir errante, regresó al campo de batalla en busca de fortuna y la halló, vaya que sí la halló. Estuvo unos años haciendo dinero en el saqueo de tumbas, donde coleccionaba ¡dientes! que se pagaban muy bien en la incipiente industria de la ortodoncia. Cuánta gente adinerada lució dentaduras gracias al sargento granadero de Napoleón. Cuando este negocio languideció le volvió a sonreír la suerte, la miserable suerte, pues el negocio era igual de lúgubre. Entre 1830 y 1840 se dedicó a recolectar huesos en la llanura de Waterloo, daba igual que fueran de caballos que de soldados. Todas las semanas entregaba un carro con su siniestra mercancía y así cobraba mucho más de lo que pagaba la república a las tropas desmovilizadas de aquel ejército que dominó Europa. Pagaba, por cierto, media paga. El vagabundo y adinerado Deria contribuyó así a dos negocios boyantes: Los huesos era molidos y se vendían como fertilizante para la campiña tanto inglesa como francesa y molidos también servían, se cuenta, para blanquear el azúcar de remolacha o de polvo que ayudaba a filtrar el jarabe del azúcar, nada menos, en la floreciente industria azucarera. Y pensar que yo, comentaba con una carcajada el sargento granadero Deria a sus secuaces, podía haber estado en este carro. Un soldado siempre sirve a la república, vivo o muerto, añadía orgulloso levantando el brazo y soltando una nueva carcajada más perturbadora que la anterior. Volvió a París al cabo de unos años como nuevo rico, llegó a ser nonagenario y hasta apareció de fondo en uno de los cuadros que Tolouse Lautréc hizo en el Moulin Rouge.
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