11 feb 2026

Bala perdida

Salí disparada por el cañón de un fusil de asalto girando sobre mí misma para mejor perforar el aire y llegar muy lejos. Mi destino era alcanzar el corazón de un hombre que estaba escondido tras un árbol y que no dejaba de atosigar a mi dueño con sus disparos. Atravesé veloz la distancia entre ambos y pasé de largo, perdiéndome en la campiña, lejos de la vista de todo el mundo. Quiso mi destino que fuera disminuyendo altura y velocidad según avanzaba y acabé cayendo en un sitio indigno y sin brillo, exactamente en una boñiga de vaca, con perdón. ¡Plaf! La vaca autora de mi tumba miró sorprendida hacia atrás y se despidió de mí moviendo el rabo con desdén e indiferencia. Entonces me acordé del lema de la fábrica donde nací que estaba pintado en un muro con letras doradas y que estaba dirigido a mí y a todas mis hermanas por aquello de recordarnos nuestra alta misión en este mundo: “Tecum hostes debelamus”. Me sentí muy frustrada y de muy dentro me salió una queja en voz alta. ¡Conmigo no han destruido un ejército más que de moscas! No oí ni el eco, ni todos los ruidos y gritos que surgían en el fragor de la batalla lejana en la que había tomado parte aquella misma mañana. Si algún día investigan sobre el terreno quizás llegue a posar, para más escarnio, en la vitrina de un museo donde cuenten esta estúpida guerra y ensalcen mi insulso papel, en vez de glosar mi convicción de que con la violencia no se logra nada, más bien el deshonor, como es mi caso.

NOTA: Texto presentado en el concurso e Creatividad literaria, en la modalidad de cuento breve en el mes de diciembre de 2025. Condiciones: Entre 1000-1500 caracteres y contendido fantástico. Finalista.
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