13 ene 2017

La Indiscreción de todos los días

El abuelo Simón viajaba en el bus urbano mirando distraídamente por la ventana, tratando de abstraerse de las conversaciones de la mitad de los viajeros, ya que la otra mitad parecía no existir en este mundo de tanto ir embebida en sus pantallas digitales. Pero no duró mucho la situación, pues de repente una conversación se elevó sobre los murmullos y mostró la verdad desnuda de la vida. Era una chica joven que encorajinada respondía a su interlocutora. Que no, mamá, decía, que ya no es como antes, que cada vez hay más distancia entre nosotros. La mitad de la mitad de la gente no abducida por las nuevas tecnologías pensó de inmediato que era un episodio más de la vida en que al amor sucede el desamor y se conmovió un poco, y hasta sintieron ganas de animar a la chica. La otra mita mitad de esa mitad ni siquiera se enteró. El abuelo Simón, sin embargo, se enervó. Le parecía impúdico perder la intimidad y airear ante desconocidos las penas propias sin ser consciente de ello. Además percibió un cierto morbo en el ambiente como de quien está disfrutando de poder husmear de balde en las miserias ajenas sin nada que aportar. Así que esperó su momento para intervenir. Y llegó pronto, porque la joven mujer no paraba de argumentar. Que no, mamá, decía, que no puedo estar a su lado abrazándole todo el día. Y otra voz no invitada en la escena se dejó oír como un trueno. ¡Eso!, dijo el abuelo Simón, ¡eso!, repitió. No se puede ser blando con él, jovencita. A un hijo no se le puede tener siempre en el regazo. La mujer joven se quedó cortada, consciente de la situación y el resto de pasajeros, a juzgar por las toses artificiales y las miradas hacia ninguna parte, se sintieron un pelín avergonzados por haber sido pillados in fraganti. Bueno, la mitad de la mitad de ellos, que el resto de la mitad, ya despierta, miraban a aquel viejo preguntándose qué estaba diciendo. El abuelo Simón sonreía y aún tuvo tiempo de acercarse a la chica al salir, guiñar un ojo y despedirse. Es más discreto el WhatApp, jovencita. Suerte en esta vida. Ella sonrió tímidamente.

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