7 ene 2013

Solo de trompeta

Caminaba por la ciudad rumiando su soledad, como hacen los hombres tristes abrumados por penas.
El lamento de una trompeta le hizo salir de sus cavilaciones. En una esquina transitada por muchas gentes presurosas un hombre flaco y desgarbado hacía sonar una melodía conocida, Alone in the city. Su cuerpo se retorcía en cada frase identificándose con la canción, el sonido era desgarrador y emanaba una fuerza imantada que retuvo al paseante a su lado. Ni le molestó que repitiera la melodía una y otra vez.
La musa molona
Al cabo de un buen rato ambos se dirigieron la palabra, como si fueran viejos conocidos.
-La música, amigo, ayuda a olvidar -dijo el músico callejero.
-No del todo, no del todo- le contestó el paseante triste, mientras clavaba sus ojos en un hermoso tatuaje que asomaba en el antebrazo de su interlocutor. En tan poco espacio de piel aparecía una hermosa mujer meciéndose en un columpio en una sala de majestuosos cortinones abrazados por las agujas de un gigantesco reloj de pared.
-No... -aceptó con voz vacilante el músico estirando la manga de la camiseta para ocultar su historia y dejando asomar una lágrima delatora.
El solo de trompeta fue sustituido por un llanto a dúo.

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